DISTRIBUCIÓN Y ESTADO DE CONSERVACIÓN

El cóndor se distribuye en América del Sur desde Venezuela hasta Tierra

del Fuego e Islas de Los Estados en Argen­tina, a lo largo y ancho de la

Cordillera, hasta alturas de 7.400 m.s.n.m (Beltrán, 1992; Chebez, et al 1994;

Del Hoyo, et al 1994; Jácome, 1996b).

A lo largo de su área de distribución, el cóndor conforma una población casi

continua, con escasa variaciones genéticas (Hendrickson, et al 2003).

Actualmente la especie está listada en CITES (Convención Internacional para

el Tráfico de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) en el

Apéndice I, que es el nivel más alto de amenaza reconocido, declarado en

peligro de extinción por la USFWS (Servicio de Pesca y Vida Silvestre de

los Estados Unidos).

Si bien ha sido declarado extinto en Venezuela en 1965, gracias a los

programas de reintroducción, se han liberado 18 ejemplares (Jácome, 1998a),

lamentablemente con una muy baja tasa de supervivencia. En Colombia

sobreviven menos de 50 cóndores silvestres y una cantidad similar de

ejemplares reintroducidos (Lieberman, et al, 1993; Rodríguez, et al, 1994;

Feliciano, com. pers. 2006), en tanto que Ecuador no supera los 50 individuos

(Cuesta, 1994; Montoya, 2004, Saltos, et al 2009). En Perú y Bolivia se han

visto reducidas sus poblaciones naturales (Wallace, et al, 1983; Rodríguez,

1995)  y si bien Chile y Argentina poseen las poblaciones más numerosas

de Sudamérica (Pavez, et al 1995), ya se han producido extinciones locales

como en la costa del Atlántico. Afortunadamente, gracias a un esfuerzo de

conservación llamado El Retorno del Cóndor al Mar, iniciado en el año 2003,

fue posible reintroducir allí 51 ejemplares, obteniendo ya 10 crías nacidas en la

naturaleza (Jácome, et al 2015).

Entre las causas que explican este progresivo panorama de retracción está el hecho que, durante cientos de años, se lo consideró una plaga, matándolo por la errónea creencia que atacaba al ganado para comer, cuando en realidad es carroñero. Aún hoy son blanco de inescrupulosos cazadores, víctimas de envenenamiento por ingestión de balas de plomo a partir de animales que fueron abatidos o intoxicados al consumir restos de animales que han sido envenenados, con el supuesto propósito de exterminar otras plagas. El choque contra estructuras hechas por el hombre, como los cables de alta tensión, los disturbios en sus áreas de descanso y nidos, la recolección de los huevos y pichones para colecciones de museos, la reducción de otras especies, como el  ciervo o el guanaco, que forman parte de su dieta y la alteración de su hábitat natural ponen en peligro su supervivencia.

La amenaza de extinción del Cóndor Californiano (Gymnogyps californianus), que ocupa el mismo nicho ecológico que el andino y sufre los mismos problemas de conservación en América del Norte, es un duro antecedente que pesa sobre el futuro de conservación del Cóndor Andino. Estados Unidos de Norteamérica ha invertido más de 25 millones de dólares, desde 1987, para tratar de conservar sus últimos ejemplares silvestres y su destino aún es incierto (Wallace, 1987; Arnold, 1993). Si bien, Argentina cuenta con las mejores poblaciones de Cóndores que quedan en América del Sur, es claro que no debemos esperar a llegar al punto en que se encontró el Cóndor Californiano para tomar medidas de conservación.

La posible extinción del cóndor no solo alteraría el delicado equilibrio ecológico del ecosistema andino, sino también tendría importantes implicancias en el plano cultural, debido a que es considerado el Espíritu viviente de Los Andes. Los Mapuches le asignan un importante papel religioso. Su figura se encuentra plasmada en cerámicas Nazca de 1500 años de antigüedad (Celis Parra, 1992). Quechuas y Aymaras, del Perú y Bolivia, le asignaron grandes poderes místicos e incluso se cree que las almas nobles y valientes reencarnan en él. Los orna­mentos hechos con sus plumas recibían uso ceremonial en la corte incaica (Palermo, 1983). Nexo entre los hombres y Dios, guía de almas al Hananpacha, mensajero del sol, son algunos de sus roles dentro de la cosmovisión andina (Jácome, 2006).

 

Programa Conservación Cóndor Andino

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