Durante miles de años, el Cóndor
Andino, el ave
voladora más grande del mundo, ha sido venerado por las comunidades
originarias de Sudamérica, quienes lo han considerado el Espíritu
mismo de los Andes, un nexo sagrado entre los hombres y Dios.
Si bien fue abundante en otro tiempo, este animal emblemático,
eslabón simbólico con nuestro pasado cultural, se ha
convertido hoy, lamentablemente, en un desafío de conservación.
En Agosto de 1991, en Pampa de Achala, Córdoba, Argentina,
se dio origen al Proyecto de Conservación Cóndor Andino
(PCCA). Este proyecto está organizado por el ZOO de Buenos
Aires, la Fundación Temaikén y la Fundación Bioandina
Argentina y cuenta con el apoyo de prestigiosas instituciones, nacionales
e internacionales.
Su principal objetivo es asistir a la conservación de estas
fabulosas aves y su majestuoso ecosistema, a todo lo largo de la cordillera,
para asegurar la supervivencia de quien es considerado el Espíritu
viviente de los Andes.
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Distribución y Problemática actual |
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El antecedente de
extinción del Cóndor Californiano, en América del
Norte, quien ocupa
el mismo nicho ecológico y sufre las mismas presiones de selección
que el andino, pesa sobre la existencia del Cóndor de los Andes.
Estados Unidos ha invertido más de 20 millones de dólares,
desde 1987, para tratar de conservar los últimos ejemplares silvestres
y aún su destino es incierto. Si bien Argentina
posee las mejores poblaciones
de Cóndores en Sudamérica, es evidente que no debemos
esperar a llegar al punto en que se encontró el Cóndor
Californiano, para tomar medidas de conservación.
En Sudamérica, el Cóndor
Andino ha comenzado a dar síntomas de extinción. Se
ha declarado extinto en Venezuela en 1965, en Colombia y Ecuador sobreviven
menos de 100 ejemplares silvestres, Perú y Bolivia vieron reducidas
sus poblaciones naturales y si bien Argentina y Chile sostienen las
mejores
poblaciones silvestres, ya se han registrado extinciones locales,
como en la costa del Atlántico en la Patagonia Argentina, donde
naturalistas de mediados de 1800, como Charles Darwin o Perito Moreno,
encontraban poblaciones abundantes de esta especie, en sitios donde
hoy ya no existen.
Las
causas que hacen a la retracción de esta
especie están ligadas a la actividad humana. La errónea
creencia que el Cóndor mata el ganado para comer, cuando
en realidad es carroñero, ha hecho que se lo considere una
plaga y que se lo mate injustificadamente. Además, las muertes
por consumo de cebos tóxicos, la disminución de alimento
en algunas áreas, la expansión de las ciudades, la
alteración de su medio y principalmente la situación
de desinformación que existe sobre esta especie han llevado
al Cóndor Andino a su situación actual.
Gracias a miles
de horas de observación , sabemos
que el Cóndor Andino es un animal carroñero, es decir
que se alimenta de animales muertos. De esta forma, evita la acumulación
de cadáveres, previniendo la formación de focos de infección
y cumpliendo un invalorable rol, como basurero natural, en el mantenimiento
del equilibrio en el ecosistema andino. Asi mismo, gracias a su poderoso
pico, juega un papel fundamental en la cadena alimenticia, dado
que es el encargado de abrir los cueros de grandes animales muertos,
permitiendo de esta manera, que otros carroñeros menores,
puedan acceder al recurso alimenticio.
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